Empecé a programar en 1990, con Clipper, sobre una pantalla ámbar de
ochenta columnas. No había frameworks, ni Stack Overflow, ni nadie a
quien preguntarle: si algo fallaba, lo entendías o no salía.
Esa forma de trabajar no envejeció. Cambió el stack, hoy es PHP,
Laravel, Docker, microservicios, pero el problema de fondo es el mismo:
sistemas que mueven plata y mercadería todos los días, y que no se
pueden caer.
Hace veinte años que trabajo en ese tipo de sistemas. Aprendí que la
parte difícil casi nunca es el código: es el negocio que nadie escribió,
el proveedor que cambia la API sin avisar, y la decisión que hay que
tomar con el sistema caído y todos mirando.
Hoy lidero equipos de cuatro a doce personas. Mi trabajo ahí es menos
escribir y más sacar obstáculos: que el que sabe pueda avanzar, que las
decisiones se tomen a tiempo y que nadie se quede callado cuando ve
venir el problema.